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Nueve hectáreas de naturaleza, siete de reserva natural propia y dos de cuidado jardín, dan marco a esta casona de preciosa arquitectura de muros de piedra y tejas coloniales. Un sitio protagonista de la historia de La Cumbre que supo captar la atención de renombrados huéspedes, como la actriz Nora Gregor y su marido, el príncipe de Austria. Un sitio al que siempre se quiere volver.

Sobre las montañas de La Cumbre, en el encantador Valle de Punilla, Posada San Andrés recibe a sus huéspedes con la calidez de sus propietarios, Daniel y Rosana, quienes saben muy bien recrear un ambiente amigable y familiar.

En Posada San Andrés el alojamiento se dispensa en una hermosa casona construida en 1930 con atractiva arquitectura de piedras y tejas coloniales.

Más contemporánea es la Casa de Las Flores, con confortables suites y equipados departamentos.

Posada San Andrés tiene una excelente agenda gastronómica: desayunos con tortas artesanales y panes frescos, dulces y mermeladas de frutos regionales, comidas caseras para el almuerzo y cenas temáticas.

Calefacción central, baño privado, TV, biblioteca, quincho con asador, jacuzzi, espectáculos en vivo y juegos para niños adentro y afuera forman parte de la propuesta de esta señorial posada serrana.

La posada fue noticia desde sus inicios en 1930, siendo su primer dueño el intendente de La Cumbre, Gustavo Andersen.

La construcción fue una de las primeras en contar con calefacción central, toda una extravagancia para el momento.

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En 1940, Nora Gregor, la actriz casada con el príncipe de Austria Stahremberg, y su hijo, visitaron la posada mientras el heredero luchaba en la guerra de África.

En 1994 la posada volvió a abrir las puertas al turismo en manos de los actuales anfitriones, Rosana Alasino y Daniel Alonso, quienes le devolvieron el esplendor original y quienes mantienen una la firme convicción de reconstruir la historia de este precioso lugar.

Dos hectáreas de cuidado jardín y nueve hectáreas de reserva natural propia con añosa arboleda dan marco a un descanso profundo, inspirado en la naturaleza, la paz, el sosiego y el aire puro que baja siempre fresco desde las sierras.

Una piscina con solarium rodeada por rosas y agapantos brinda una excelente visual del bellísimo entorno serrano que motiva agradables caminatas, paseos, juegos de golf y toda la aventura de la zona: cabalgatas, travesías 4×4, mountain bike o avistaje de cóndores en Ongamira.